Hay personajes que pertenecen a una película. Otros pertenecen a una época.
He-Man es uno de estos últimos.
Mucho antes de que las películas de superhéroes dominaran las salas de cine, antes de Marvel y DC convertidos en gigantes audiovisuales y mucho antes de que Hollywood descubriera que prácticamente cualquier juguete podía transformarse en una franquicia cinematográfica, existía un guerrero rubio vestido con una armadura mínima, una espada mágica y un castillo con forma de calavera.
En 2026, He-Man volvió al cine.
Masters of the Universe, producida por Amazon MGM Studios y Mattel Studios, llegó a las salas el 5 de junio con Nicholas Galitzine como Prince Adam/He-Man, Jared Leto como Skeletor, Camila Mendes como Teela e Idris Elba como Man-At-Arms. La dirección estuvo a cargo de Travis Knight.
Pero esta no es simplemente otra película basada en una franquicia antigua.
Para quienes crecieron durante los años 80, el regreso de He-Man representa algo bastante particular: el regreso de uno de los personajes que mejor simbolizan una época en la que los juguetes, los dibujos animados, los videojuegos y la televisión empezaron a funcionar como partes de un mismo universo comercial y cultural.
Antes del cine estaba el juguete
Para entender por qué He-Man fue tan importante hay que retroceder hasta comienzos de los años 80.
Mattel había creado la línea Masters of the Universe alrededor de una idea bastante sencilla: personajes de fantasía, monstruos, guerreros, armas, vehículos y escenarios que permitieran a los chicos inventar sus propias historias.
El protagonista era He-Man, un guerrero prácticamente invencible cuyo alter ego era el príncipe Adam.
Pero el verdadero golpe de genialidad fue que los juguetes no quedaron solos.
Apareció una serie animada que llevó a esos personajes a millones de hogares.
De repente, los chicos podían ver una aventura por televisión durante la tarde y después continuarla en el piso de su habitación con los muñecos.
Era una estrategia que hoy parece completamente normal.
En aquella época era relativamente novedosa.
El juguete promocionaba la serie. La serie promocionaba el juguete. Y ambos construían una mitología suficientemente grande como para que un chico quisiera tener a He-Man, Skeletor, Teela, Man-At-Arms, Beast Man o cualquier otro personaje.
La cultura de los 80 estaba empezando a descubrir el enorme potencial de ese mecanismo.
El mundo de Eternia
Una de las características más extrañas de Masters of the Universe era precisamente su mezcla de géneros.
Eternia parecía un planeta de fantasía medieval, pero también tenía tecnología avanzada.
Había espadas y castillos, pero también vehículos futuristas, armas láser, robots y máquinas imposibles.
He-Man podía enfrentarse a Skeletor con una espada mientras alrededor aparecían elementos que parecían sacados de una película de ciencia ficción.
Era una combinación bastante típica de los años 80.
Star Wars había demostrado que el público podía aceptar una mezcla de fantasía, aventura y ciencia ficción sin necesidad de establecer fronteras demasiado estrictas.
He-Man llevó esa fórmula hacia otro terreno.
Y Castle Grayskull terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más reconocibles de aquella generación.
La película de 1987
En 1987 Hollywood intentó llevar todo aquello al cine.
El resultado fue Masters of the Universe, protagonizada por Dolph Lundgren como He-Man y Frank Langella como Skeletor.
La película tuvo una historia complicada.
En lugar de comenzar directamente en Eternia, buena parte de la acción transcurría en la Tierra.
He-Man, Teela y sus aliados terminaban en un mundo contemporáneo mientras intentaban impedir que Skeletor consiguiera el poder definitivo.
El resultado fue una película que, con el paso del tiempo, terminó adquiriendo una curiosa condición de culto.
En su momento no consiguió convertirse en el gran éxito que sus productores esperaban y terminó siendo recordada como uno de los ejemplos más extraños de cómo Hollywood intentaba trasladar una franquicia de juguetes al cine.
Casi cuatro décadas después, la comparación resulta inevitable.
Porque la nueva película tiene algo que la de 1987 no podía tener: recursos digitales capaces de construir prácticamente cualquier versión de Eternia que sus creadores imaginen.
Casi 40 años después
La nueva película parte de una premisa diferente.
Prince Adam regresa a Eternia después de años de separación y encuentra su mundo bajo el dominio de Skeletor. Para enfrentarlo deberá reencontrarse con sus aliados y aceptar definitivamente su identidad como He-Man.
Es una historia mucho más cercana a lo que los seguidores del personaje podían esperar.
Eternia vuelve a ser importante.
También lo son personajes como Teela, Man-At-Arms, Evil-Lyn y Skeletor.
La diferencia fundamental está en la escala.
En 1987, hacer que Eternia pareciera un mundo gigantesco era un problema de decorados, maquillaje, vestuario y efectos especiales.
En 2026, el problema es prácticamente el contrario.
Los efectos digitales permiten crear un mundo entero.
La cuestión pasa a ser cuánto de esa imaginación original conviene conservar y cuánto debe modernizarse.
Nicholas Galitzine no creció con He-Man
Hay un detalle curioso alrededor del nuevo protagonista.
Nicholas Galitzine nació en 1994.
Es decir, cuando He-Man ya había pasado por su primera gran etapa de popularidad, el actor todavía ni siquiera había nacido.
En una entrevista con Reuters, Galitzine explicó que no creció con los juguetes ni con la serie original, pero que terminó conectándose con el personaje al comprender lo que significaba para quienes sí habían crecido con él.
Esto resume bastante bien el problema que enfrentan muchas franquicias de los años 80.
El público original ya no tiene la misma edad.
Pero los personajes siguen siendo reconocibles.
Entonces aparece una situación curiosa: los actores son jóvenes, pero el personaje que interpretan puede tener más de cuarenta años de historia.
Es algo que también ocurre con otras propiedades de aquella generación.
El público que compraba los muñecos originales hoy puede tener hijos adultos.
Y Hollywood intenta conseguir que esos dos públicos encuentren algo en común.
Skeletor vuelve a ser Skeletor
Si existe un personaje que resulta imposible separar de la memoria de He-Man es Skeletor.
En la nueva película el villano está interpretado por Jared Leto.
La elección es significativa porque Skeletor pertenece a una categoría de villanos muy particular.
No era un enemigo realista.
No era un criminal.
No era un terrorista.
Era literalmente un hombre con cara de calavera, armadura azul, capa púrpura y una obsesión casi absurda por conquistar Eternia.
Y justamente por eso funcionaba.
Los años 80 todavía permitían personajes visualmente extravagantes sin necesidad de explicar demasiado su existencia.
La nueva película intenta conservar parte de esa estética, aunque presentada mediante una producción contemporánea.
¿Puede funcionar hoy algo tan ochentoso?
Esta es probablemente la pregunta más interesante.
Durante mucho tiempo, Hollywood intentó modernizar las franquicias antiguas eliminando precisamente las características que las habían hecho reconocibles.
Con Masters of the Universe ocurre algo diferente.
La película parece asumir que parte del atractivo está justamente en que He-Man es exagerado.
El universo tiene magia, monstruos, tecnología, guerreros y personajes visualmente imposibles.
No necesita convertirse completamente en una película realista.
De hecho, una de las primeras reacciones de la crítica estuvo precisamente relacionada con esa decisión: algunos críticos destacaron que la película abraza deliberadamente el espíritu exagerado y camp de la franquicia original, mientras otros consideraron que la nostalgia no alcanzaba para sostener una producción tan grande.
Y ahí aparece una cuestión interesante.
Una remake no tiene que conseguir que el pasado vuelva.
Tiene que encontrar una manera de traducirlo.
La generación que conoció a He-Man
Para alguien que tuvo los juguetes durante los 80, ver nuevamente a He-Man en una pantalla grande produce una sensación difícil de explicar.
No se trata únicamente del personaje.
Es todo lo que viene alrededor.
Las tardes frente al televisor.
Los muñecos distribuidos por el piso.
Las revistas.
Los vehículos enormes que ocupaban media habitación.
Los cumpleaños.
Los comerciales.
Las discusiones sobre quién tenía a Skeletor.
Y aquella idea infantil de que cada personaje formaba parte de un universo enorme que existía incluso cuando la televisión estaba apagada.
Ese es probablemente el verdadero valor de estas franquicias.
No necesariamente que fueran perfectas.
Muchas veces no lo eran.
Lo importante es que formaron parte de una experiencia compartida.
De los juguetes a las franquicias
Lo más interesante de Masters of the Universe quizá no sea siquiera la película.
Es comprobar cuánto cambió la industria desde los años 80.
Hoy resulta habitual que una empresa tenga una propiedad intelectual y quiera llevarla simultáneamente al cine, televisión, videojuegos, merchandising y plataformas de streaming.
Pero He-Man fue uno de los productos que ayudaron a establecer ese modelo.
El personaje nació vinculado a los juguetes y rápidamente pasó a la televisión.
Décadas después, esa misma propiedad puede volver al cine con un presupuesto gigantesco y apoyarse en tecnologías que en los años 80 parecían ciencia ficción.
En ese sentido, He-Man terminó convirtiéndose en una especie de puente entre dos épocas de la cultura popular.
Los 80 ya no son el pasado
Quizás esa sea la conclusión más curiosa.
Cuando la película original llegó a los cines en 1987, los años 60 parecían lejanísimos.
Hoy 1987 está tan lejos de 2026 como 1948 lo estaba de 1987.
Y sin embargo, personajes creados hace más de cuatro décadas siguen apareciendo en las pantallas.
La diferencia es que ahora quienes recuerdan a He-Man de su infancia tienen edad suficiente para mirar una nueva película junto a sus propios hijos.
Eso transforma completamente la nostalgia.
Ya no es solamente recordar.
Es transmitir.
Un padre puede explicar quién era Skeletor.
Puede contar que hubo otra película.
Puede mostrar los viejos muñecos guardados en una caja.
Y después sentarse frente a una pantalla para descubrir una nueva versión de aquella historia.
He-Man en 2026
Masters of the Universe representa, en definitiva, algo más grande que el regreso de un personaje.
Es otro ejemplo de cómo la cultura de los años 80 continúa influyendo en el entretenimiento actual.
Durante aquella década surgieron muchas de las franquicias que todavía dominan el imaginario popular: juguetes convertidos en dibujos animados, videojuegos convertidos en películas, películas convertidas en juguetes y personajes capaces de sobrevivir mucho más allá de la generación que los vio nacer.
He-Man fue uno de los primeros en recorrer ese camino.
En 1983 era un juguete y una serie animada.
En 1987 llegó al cine.
En las décadas siguientes volvió varias veces en nuevas series y proyectos.
Y en 2026 regresó nuevamente a la pantalla grande.
Tal vez esa sea la mejor prueba de que algunas cosas de los años 80 nunca desaparecieron realmente.
Simplemente estaban esperando una nueva generación que levantara la espada, mirara hacia el cielo y volviera a decir:
“Por el poder de Grayskull.”
