A fines de los años 80, comprar un juego para Commodore no siempre significaba simplemente introducir un disco y comenzar a jugar. Para quienes tenían un Commodore 64 o Commodore 128, la disquetera era prácticamente una extensión de la computadora, y aprender a manejar discos, copias y programas de carga formaba parte de la experiencia. Antes de Internet, antes de las descargas digitales y mucho antes de Steam, conseguir un juego podía implicar que un amigo te prestara un diskette, que...
